Ubicado en Studiestræde, en el centro de la capital, el proyecto subraya su diferencia frente a los modelos ya que no opera como “coffee shop”. La premisa es permitir que pacientes consuman, en un entorno social y controlado, el cannabis adquirido por la vía legal, es decir, productos comprados en farmacia con receta vigente. El acceso, según la información pública disponible, se organiza como asociación y exige acreditar la condición de paciente.
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La propuesta apunta a una zona gris que muchas regulaciones dejan sin resolver. Tener prescripción no significa tener un espacio posible para usarla. El club, en ese sentido, funciona como una infraestructura social que permite tener un lugar donde medicarse sin esconderse y sin convertir la terapia en un conflicto doméstico.
Dinamarca puso en marcha un programa piloto de cannabis medicinal el 1 de enero de 2018. Tras años de evaluación, el Parlamento decidió que el esquema continúe como orden permanente desde el 1 de enero de 2026. En los documentos oficiales se expone que existen 1.800 pacientes tratados y unas 20.000 recetas emitidas desde el inicio del plan.
Sin embargo, críticos conservadores la describieron como un primer paso hacia una normalización más amplia del cannabis bajo el paraguas del ámbito médico. Defensores replicaron que el público real no es usuario recreativo, sino el de quienes viven con dolor crónico, fibromialgia u otras condiciones incapacitantes. El impulsor del club, Khodr “Cutter” Mehri, ha insistido en que el objetivo no es desafiar al Estado, sino operar dentro del marco médico, sostenido por cuotas destinadas a cubrir gastos.
El caso danés sugiere que una receta legal no basta para resolver cómo y dónde se consume un tratamiento. Smokenhagen opera como asociación privada y permite el uso en sala solo a pacientes con receta vigente, sin venta en el lugar y con cannabis adquirido en farmacia. Su aparición coincide con el paso del programa danés de cannabis medicinal de piloto a permanente desde el 1 de enero de 2026 y funciona, en la práctica, como un experimento de acompañamiento social del sistema médico más que como un cambio en el acceso al producto.