En una entrevista con el sitio especializado HempToday, Kramarz sostuvo que el “boom CBD” le dio una visibilidad inédita y que hoy se puede canalizar hacia usos industriales. La clave para EIHA es sostener el “enfoque de planta completa” y evitar que el cáñamo quede atado a un único derivado.
En el corto plazo, su prioridad es dar seguridad jurídica a ingredientes del cáñamo –en especial cannabinoides– dentro de las reglas europeas de “nuevos alimentos”. Kramarz remarcó que la armonización sigue siendo urgente en flor y cannabinoides, pese a avances como los límites de THC en alimentos.
El cambio de tono, dijo, es pasar de la defensa a facilitar el escalado en áreas como la construcción, textiles, composites y bioplásticos, alineando al cáñamo con metas basadas en la economía circular. En ese contexto, precisó que trabajarán para sumar aliados fuera del sector –constructoras, arquitectos, industria química y marcas– para llevar los biobasados a cadenas de suministro convencionales.
Kramarz también vinculó esa transición con la necesidad de recuperar confianza inversora mediante una comunicación que apueste a un un enfoque científico para sostener credibilidad. En su visión, la integridad y la consistencia serán importantes, pero sin claridad regulatoria y estándares de seguridad, la financiación continuará retraída, en cambio, con reglas estables, los proyectos vuelven a obtener apoyos y a ponerse en marcha.
Esta nueva agenda se exhibirá en la 23rd European Hemp Conference, en Poznań (Polonia), del 10 al 12 de junio de 2026, junto al Institute of Natural Fibres and Medicinal Plants (IWNiRZ). Kramarz destacó que el instituto depende del Ministerio de Agricultura y permitirá visitas a laboratorios y producción.
El mensaje de Kramarz es claro y muestra que si la industria del cáñamo logra armonizar reglas para la flor y los cannabinoides, escalando sus usos industriales, el cáñamo puede dejar de ser nicho y comenzar a convertirse en una pieza real de la bioeconomía europea.