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Harrelson y la madre de McConaughey expulsados de un local por fumar marihuana

Woody Harrelson contó –y Matthew McConaughey lo remató con detalle– que ambos terminaron expulsados de dos bares por fumar marihuana en interiores junto a la madre del actor texano. La anécdota, narrada entre risas en el podcast Where Everybody Knows Your Name (con Ted Danson), grafica cómo la normalización  del cannabis avanza más rápido que las reglas sobre su consumo social.

Según el relato de McConaughey, el dúo habría encendido porros dentro de los locales: en una ocasión se disparó una alarma de incendio y, en la otra, el personal les habría dejado claro que era “ilegal” y los echó. Harrelson confirmó que en ambas situaciones lograron salir sin mayores consecuencias, aunque no sin la humillación exprés de la puerta en la cara.

 McConaughey, asociado durante años a personajes “fumones” en el cine, aparece aquí como narrador de un pasado de travesuras y, al mismo tiempo, como alguien que hoy se mantiene al margen. En la misma conversación dijo que el cannabis actual “no le sienta bien” y para él el tiempo se acelera y, en experiencias previas, terminó con golpes y hasta con dientes astillados tras caídas. Harrelson, lejos de empujarlo a la nostalgia, coincidió señalando que “no lo quieres fumando”.

Es importante dejar en claro que, incluso en contextos de legalización, fumar en interiores suele chocar con normas de seguridad y convivencia que no dependen del estatus legal de la planta, sino del espacio compartido. La diferencia es que, mientras el consumo se integra rápidamente, muchos lugares siguen operando en una zona de tolerancia donde a veces se mira para otro lado y otras, salta la alarma como -literalmente- les ocurrió.

Woody Harrelson no es un fumador novato. Además de su perfil público, es copropietario de The Woods, un negocio de cannabis en Los Ángeles junto a Bill Maher. Y, en California, apoyó medidas para habilitar experiencias de consumo en espacios regulados. En 2024, el gobernador Gavin Newsom aprobó la AB 1775, que permite que, bajo regulación local, ciertos comercios amplíen servicios (comida y bebida sin cannabis y eventos), empujando el consumo hacia ámbitos controlados en lugar de improvisados.

La anécdota es, por sobre todo, un síntoma de una sociedad que todavía negocia sus límites, donde la pregunta no es si la planta se normaliza, sino cómo, construyendo lugares y reglas claras para consumir sin poner en juego la convivencia o la normalización seguirá chocando contra la puerta de un próximo local.

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