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La psilocibina deja señales medibles en el cerebro

La primera experiencia con psilocibina no termina necesariamente cuando baja la intensidad del viaje. Una nueva investigación siguió sus efectos en el cerebro y en el bienestar durante un mes, con resultados sugerentes y todavía abiertos a interpretación.

El estudio, publicado en Nature, siguió a 28 personas sanas que nunca habían probado psicodélicos. Primero recibieron una cantidad muy baja de psilocibina, de 1 miligramo y un mes después una dosis alta, de 25 miligramos. La intención no era probar una cura ni presentar una nueva terapia, sino mirar de cerca qué pasa en el cerebro cuando alguien vive por primera vez una experiencia psicodélica intensa en un entorno controlado, algo distinto de la terapia asistida con psicodélicos que ya se discute en ámbitos clínicos y regulatorios.

Durante la sesión con la dosis alta, los investigadores registraron la actividad cerebral con electrodos colocados en la cabeza que mostraron un cerebro funcionando de una manera más cambiante y menos repetitiva que de costumbre. Ese momento coincidió con el punto de mayor intensidad del viaje ya que 27 de los 28 participantes dijeron que había sido el estado de conciencia más inusual de su vida y la persona restante lo ubicó entre los cinco más extraños que había experimentado.

El seguimiento un mes después mostró algo que vuelve el estudio especialmente interesante ya que las imágenes cerebrales detectaron señales de posibles cambios en conexiones profundas entre zonas relacionadas con la toma de decisiones, la motivación y la integración de información. Los autores no dicen que esto pruebe una transformación estable del cerebro, pero sí que abre una pista para investigar mejor la neuroplasticidad, una palabra muy repetida en el mundo psicodélico y que conviene usar con cuidado.

Además de las mediciones cerebrales, los participantes reportaron más bienestar, mayor flexibilidad mental y más insight psicológico al mes de la experiencia. El dato más sugerente es que quienes mostraron una actividad cerebral más “abierta” durante el viaje también tendieron a registrar más bienestar después. La lectura de fondo es conocida por muchas personas que se interesan por los psicodélicos donde no solo importa la sustancia, sino también lo que se vive, se entiende y se integra después.

Cabe señalar que la muestra fue pequeña, los participantes eran personas sanas y el estudio no fue un ensayo clínico. Aunque conecta con el interés creciente por la psilocibina y depresión, no permite afirmar que la psilocibina sea por sí sola un tratamiento. Lo que sí aporta es una imagen más precisa sobre qué parte del cambio nace en lo profundo del cerebro y qué parte depende de la experiencia vivida.

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