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Los exjugadores de futbol americano quieren su marihuana

Jugador con porro

Los distribuidores de la última peli de Will Smith probablemente pensaron que el fútbol americano no es tan atractivo en Europa, y por eso en el cartel español solo aparece el actor con cara de circunstancias ante un fondo neutro y el anodino título La verdad duele –rematado por un reiterativo “Nada golpea tan duro como la verdad”–.

Pero lo que realmente duele horrores es una Concussion, título original del filme, que significa ‘conmoción cerebral’ o ‘traumatismo craneoencefálico’, y es un resultado común a los brutales choques que los jugadores de fútbol americano sufren entre ellos durante el juego. Lo que descubrió el forense al que interpreta Smith y que le llevó a enfrentarse con la poderosa National Football League (NFL) es que la repetición de esas lesiones puede derivar en encefalopatía traumática crónica (ETC), lo que supone daños cerebrales que se manifiestan meses e incluso años después de haberse recuperado del trauma inicial y que se relacionan con pérdida de memoria, deterioro del juicio, depresión y demencia. La ETC solo es detectable post mortem, y desde el 2005 se le ha diagnosticado a una decena de exjugadores que se suicidaron. Hoy, las normas del juego han cambiado, pero el único tratamiento aceptado sigue siendo atiborrar a los jugadores con potentes analgésicos.

Con ocasión de la 50.ª edición de la Super Bowl, la gran final de este deporte, celebrada en California, primer estado norteamericano en legalizar la marihuana medicinal, un equipo de antiguos jugadores trató de colarle un tanto a la NFL, presionándola para que permita también los tratamientos cannábicos. Al frente se hallaba el exjugador Kyle Turley, convencido de que el cannabis ayuda “enormemente” a paliar las consecuencias de las lesiones cerebrales. Él lidera la recién creada Gridiron Cannabis Coalition, junto a otros colegas retirados y también el ínclito Snoop Dogg, rapero y empresario cannábico. La NFL eludió cualquier respuesta y mantiene su prohibición total a la marihuana en competición, incluso en los estados donde es legal.

Nate jackson aseguró que la mitad de jugadores de la NFL usan cannabis para aliviar sus lesiones

Numerosos exatletas de la liga critican la postura de la liga profesional, argumentando que gracias al cannabis pudieron desengancharse de su adicción a los combinados de analgésicos recetados tras cada lesión sufrida. Siete de cada diez jugadores de la NFL tratados con analgésicos han acabado abusando de ellos, según un estudio del 2011 de la Universidad de Washington en St. Louis. El propio Turley, quien tras dejar el deporte se reconvirtió en cantante de country y consumía numerosos analgésicos con prescripción, sufrió un desmayo en uno de sus conciertos y terminó en el hospital perdiendo casi todo el control de su cuerpo. “Antes de abandonar todas las pastillas y comprometerme con el cannabis, mi vida era un choque de trenes –afirmó a la NBC–. Si no fuera por el cannabis, hoy no sería mentalmente estable”, añadía antes de asegurar haber encontrado variedades de marihuana que le quitan el dolor y otras con efectos comparables a los del opioide Vicodin, pero sin su efecto narcótico. Nate Jackson, quien jugó en los Denver Broncos, aseguró a The Guardian que en su opinión la mitad de jugadores de la NFL usan cannabis para aliviar sus lesiones. Los test antidopaje se realizan una vez al año, durante la pretemporada, y “mientras los pases, puedes medicarte con marihuana el resto del año”, confesaba Jackson. “Puedo hablar de ello, porque lo he probado todo. Me he chutado HGH (hormona del crecimiento), inyecciones, píldoras... Y no es que fuera un habitual de la marihuana; sencillamente, es lo que más me ha ayudado”.

Un positivo en marihuana puede suponer de dos a diez semanas de suspensión para un jugador de fútbol americano. Las sustancias y cantidades que suponen un positivo en dopaje varían para cada liga profesional; la propia NFL no siempre prohibió el cannabis, sino que lo demonizó en los años ochenta, espoleada por la guerra contra las drogas gubernamental. No hace mucho, la liga de fútbol americano aumentó la cantidad de THC que permite en sangre y orina, pasando de 15 a 35 ml, una norma en todo caso mucho más estricta que los 150 ml establecidos por la Agencia Mundial Antidopaje, encargada de los test para los Juegos Olímpicos.

El año pasado se aceptó a trámite la demanda presentada nada menos que por 1.300 jugadores retirados. Se acusaba a todos los equipos de la NFL y a sus médicos de hacer un uso de los analgésicos que a largo plazo pone en peligro la salud de los jugadores; de ocultar la gravedad de las lesiones, y de buscar su vuelta al campo de juego lo antes posible, incluso bajo amenaza de despido. De prosperar esta demanda, quizá la NFL se vería obligada a cambiar su política de drogas.

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