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París registra 18 muertes por sobredosis desde enero

La justicia francesa investiga una serie de fallecimientos vinculado al chemsex y que ha activado las alarmas entre asociaciones de reducción de daños y profesionales de la salud.

En apenas tres meses y medio, París habría registrado más de la mitad de las muertes por sobredosis notificadas durante todo 2025, cuando se contabilizaron 29 víctimas en la capital. Dentro de los 18 fallecimientos registrados desde enero, cinco estarían asociados a policonsumos y tres a cocaína, mientras que otros análisis toxicológicos seguían pendientes al momento de publicarse la información.

El chemsex suele involucrar sustancias como catinonas sintéticas (entre ellas la 3-MMC), GHB/GBL, metanfetamina, MDMA, ketamina o cocaína y no puede reducirse a una conducta individual aislada. Drogues Info Service, el servicio francés de información sobre drogas, la define como el uso de drogas durante relaciones sexuales y advierte que los encuentros pueden prolongarse durante horas o días, con riesgos de dependencia, sobredosis, infecciones de transmisión sexual, aislamiento y deterioro de la salud mental.

Para las asociaciones que trabajan sobre el terreno, el recuento oficial podría estar dejando fuera una parte importante del fenómeno. El medio Zeweed recoge la posición de Chems Pause, cuyo presidente, Sébastien Quenu, considera que los datos disponibles muestran solo la zona más visible del problema. Según esa asociación, desde comienzos de año se habrían producido al menos 20 muertes en contextos de relaciones sexuales bajo consumo de sustancias, una cifra que no equivale a un registro judicial consolidado, pero que apunta a un posible subregistro de fallecimientos no investigados toxicológicamente.

El informe publicado en 2024 por el Observatorio Francés de las Drogas y las Tendencias Adictivas (OFDT) ya advertía que, en quince años, el chemsex había ganado visibilidad en Francia, con una presencia destacada de catinonas asociadas a GHB/GBL, una aparición más frecuente de la ketamina y un papel central de internet, las aplicaciones de encuentros y las mensajerías en el acceso a productos. No se trata, por tanto, de una escena nueva, sino de una combinación cada vez más delicada de sustancias de alta potencia, dosis inciertas, policonsumo y soledad posterior al encuentro.

Nombrar el problema sin estigmatizar a las personas que lo atraviesan exige una precisión que muchas veces falta en el debate público. La práctica se ha documentado sobre todo entre hombres que tienen sexo con hombres, aunque también aparece en otros entornos sexuales. Convertirla en un asunto de identidad o de alarma moral solo desplaza a los usuarios hacia el silencio. en ese sentid, y de ahí su importancia, los recursos de reducción de riesgos permiten intervenir antes de que una urgencia termine en una muerte.

La respuesta judicial puede perseguir cadenas de suministro después de cada fallecimiento, pero no alcanza para prevenir el siguiente. La pregunta que deja París no es solo cuántas personas han muerto, sino cuántas siguen fuera de los dispositivos de cuidado por miedo, vergüenza o falta de recursos. Frente al chemsex, la reducción de daños es la diferencia entre contar cadáveres o construir una política pública capaz de llegar a tiempo.

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