La llamada enfermedad de Lyme postratamiento sigue siendo una zona conflictiva para la medicina ya que algunas personas continúan con fatiga, dolor, trastornos del sueño, dificultades cognitivas y afectación del ánimo, mientras las opciones clínicas son muy limitadas. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de EE UU estiman que unas 476.000 personas son diagnosticadas y tratadas por esta enfermedad cada año en Estados Unidos y parte de esa población desarrolla síntomas persistentes.
En concreto, el ensayo, publicado en Scientific Reports, se desarrolló durante ocho semanas donde participaron 20 adultos con enfermedad de Lyme postratamiento, con una media de 44 años y una duración mediana de la enfermedad de 5,7 años. Recibieron una primera sesión de 15 mg de psilocibina y una segunda de 15 o 25 mg, siempre con apoyo psicológico. Según los autores, la carga general de síntomas cayó un 40% a los seis meses y las escalas de calidad de vida física y mental mejoraron un 13%. También hubo mejoras en sueño, fatiga, dolor y estado de ánimo.
Ahora bien, el estudio también presenta límites ya que sin placebo ni comparación con otro tratamiento, todavía no puede saberse con precisión cuánto del efecto observado corresponde a la psilocibina, cuánto al acompañamiento terapéutico y cuánto a la expectativa de mejora. En términos de seguridad, no se reportaron eventos adversos graves relacionados con la intervención, aunque sí efectos transitorios como hipertensión, cefalea y taquicardia. En este sentido, vale la pena precisar que el trabajo sugiere viabilidad y tolerabilidad, no una validación clínica definitiva.
Sin embargo, en algunos casos también deja ver una dimensión humana que las investigaciones suelen aplanar. La experiencia de Lori Unruh Snyder, una de las participantes, profundizada por el medio especializado DoubleBlind, muestra cómo una enfermedad persistente puede reorganizar la memoria, el trabajo y la relación con el cuerpo. La noticia, en rigor, no es que la psilocibina haya encontrado una cura, sino que la investigación psicodélica empieza a entrar en territorios, ambiguos y desatendidos donde todavía faltan respuestas concretas.