La maniobra legislativa es estrecha y en el texto se prevé que la Junta de Farmacia de Virginia actúe en su siguiente reunión trimestral, 30 días después de que se publique en el Federal Register una orden federal sobre una formulación de psilocibina aprobada por la FDA. No hay aquí una legalización abierta ni una autorización para el uso personal, es un mecanismo automático para acompasar la normativa estatal a un eventual cambio federal.
Bajo el rótulo de “legalización” suelen mezclarse procesos muy distintos, pero en este caso no se habilitan el cultivo, la posesión general ni el consumo fuera del ámbito sanitario. Lo que Virginia deja preparado es una puerta clínica y dependiente de una aprobación farmacéutica previa. El mensaje político es claro y si Washington termina aceptando una terapia con psilocibina, el estado no quiere llegar tarde al nuevo ciclo de la reforma psicodélica en EE UU.
Desde la prensa local se señaló que la gobernadora Abigail Spanberger firmó dos proyectos gemelos sobre esta materia. Sin embargo, el HB1347 figuraba como aprobado, mientras que SB379 seguía mostrando un rastro administrativo menos concluyente.
Más que abrir una nueva etapa en la política de drogas, Virginia parece ensayar una forma prudente de adaptación. Si la psilocibina entra en ese estado, lo hará bajo supervisión médica, en una formulación concreta y con el sello previo de la FDA. Por lo mismo, más que una revolución psicodélica es la versión más controlada y aceptable de ese futuro y una posible aprobación federal en el ámbito clínico marcaría el ritmo de ese cambio.