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Un estudio mapea 294 clubes de cannabis en Chile

La primera cartografía sobre clubes sociales de cannabis en Chile identificó 294 organizaciones registradas entre 2015 y 2024, con una fuerte concentración en la Región Metropolitana. El estudio muestra que este modelo se ha expandido durante la última década, aunque de manera desigual.

Un estudio publicado en Journal of Cannabis Research reconstruyó la expansión territorial de los clubes sociales de cannabis en Chile entre 2015 y 2024. A partir de registros administrativos oficiales, búsquedas en internet y datos censales, el equipo identificó 294 organizaciones y encontró una concentración marcada en la Región Metropolitana, donde se ubicó el 67,3 % de los registros analizados.

El trabajo, realizado por investigadores vinculados a universidades y centros de Chile, Perú y Argentina, utilizó un diseño cuantitativo, no experimental y descriptivo. Su objetivo fue observar dónde y cuándo aparecieron las organizaciones que pudieron ser identificadas en las fuentes utilizadas.

El mapa muestra que la mayor parte de los registros se concentra en Santiago y otras zonas urbanas, mientras las áreas rurales y periféricas presentan una cobertura mucho menor. Los autores también detectaron un segundo patrón de concentración en capitales regionales y describen un aumento particularmente pronunciado durante el bienio 2023–2024.

Esa distribución indica que la expansión de los clubes no ha corregido las brechas territoriales existentes, sino que se ha desarrollado principalmente allí donde ya existe mayor concentración urbana e institucional. En las zonas periféricas, la menor presencia de organizaciones formalizadas deja un mapa mucho más disperso. El estudio no mide directamente el acceso efectivo de las personas ni su nivel socioeconómico, pero sí muestra que los clubes tienden a concentrarse en centros urbanos de mayores ingresos y tienen una presencia mucho menor en áreas rurales y periféricas. La desigualdad, por tanto, no aparece solo como una distancia geográfica, sino como parte de una estructura socioespacial que puede condicionar dónde existen alternativas asociativas formalizadas y dónde prácticamente no llegan.

El estudio es relevante dado el momento en que Chile mantiene un acceso incompleto al cannabis medicinal y carece de una regulación específica para dispensarios y modelos asociativos. Esa brecha convive con un marco legal que reconoce determinados usos medicinales, pero sigue dejando zonas grises en torno a la producción y entrega colectiva de cannabis.

En 2025, diputados chilenos presentaron un proyecto para regular el uso adulto, que incluía el cultivo colectivo dentro de una propuesta más amplia. El nuevo estudio no permite atribuir la expansión de los clubes a esa iniciativa ni a una norma determinada. Por su diseño descriptivo, identifica patrones territoriales, pero no establece qué factores los causaron.

Más que contar clubes, el estudio permite mirar cómo la expansión del modelo asociativo ha sido mucho más visible en grandes ciudades y sectores de mayores ingresos que en zonas rurales y periféricas. Esa coincidencia revela que las alternativas de acceso tampoco se distribuyen por fuera de las brechas que atraviesan al país y, al final, el mapa de los clubes también termina dibujando una parte del mapa social de Chile.

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