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Aumentan los casos de perros intoxicados por restos de drogas en España

En parques y zonas verdes de Madrid, las mascotas que salen a pasear enfrentan un riesgo creciente de intoxicación accidental al ingerir restos de consumo de drogas que quedan en el suelo. La situación se repite ya que la mayoría de los perros tienden a olfatear entre arbustos, se tragan algo y, poco después, aparecen síntomas que obligan a recurrir a las clínicas veterinarias.

Según comentan los veterinarios, que aparecen mencionados en un reportaje del diario El País, este tipo de intoxicaciones tiene un patrón y que se da, especialmente, en paseos nocturnos de fin de semana. Los animales que llegan a las consultas lo hacen tambaleándose, desorientados o con pérdida de coordinación tras haber comido excrementos humanos o encontrado restos de drogas entre los jardines. Para muchos dueños de mascotas, todo ocurre sin que alcancen a ver qué se tragó el animal y, cuando aparecen los síntomas, la única salida es ir a urgencias.

En testimonios recogidos en zonas como Madrid Río y el entorno del Casino de la Reina, la incertidumbre es parte del cuadro. Sin un veterinario especialista en intoxicaciones, suele ser difícil identificar qué sustancia desencadenó el cuadro en el animal. Sin embargo, el denominador común frente a este tipo de intoxicación es el contacto con residuos asociados al consumo de drogas en la vía pública. 

La intoxicación de mascotas por cannabis (y por otros psicoactivos) suele manifestarse con signos neurológicos y digestivos como incoordinación, letargo, desorientación, ojos vidriosos, hipersalivación, vómitos y, a veces, incontinencia urinaria. Guías veterinarias señalan que los signos pueden empezar entre 30 minutos hasta varias horas tras la exposición y prolongarse hasta tres días, según dosis y producto. Por eso, ante cualquiera de estos síntomas, lo recomendable es consultar al veterinario cuanto antes.

La situación también se explica por el trasfondo urbano en que el consumo de sustancias en la vía pública deja residuos que el perro olfatea y come. A eso se suma que, en determinadas franjas nocturnas, se permite que los perros estén sueltos en los parques, facilitando una ingesta fugaz sin supervisión directa. 

Más allá de  la anécdota, lo que ocurre en los parques exige mirar el problema como una cuestión de salud pública y convivencia urbana y, por lo mismo, es importante tener en cuenta que la gestión cotidiana de los baños públicos, la limpieza, prevención y educación, también es parte de una política de drogas. 

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