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Roma y el amor al cáñamo

Nos fuimos a Roma en un viaje exprés para ver cómo la industria italiana de la planta del cannabis y el movimiento civil junto al que camina volvían a reunirse en la séptima edición de la feria Canapa Mundi que tuvo lugar los días 1, 2 y 3 de abril.

Roma y los amantes del cáñamo se volvieron a dar cita el pasado mes de abril en la feria Canapa Mundi, un evento que reunió a los que trabajan con la planta, a sus defensores y entusiastas en el recinto de la Fiera di Roma a las afueras de la capital italiana. Fueron días de lluvia, pero ello no impidió que la gente acudiera a la cita cannábica, la primera en celebrarse después de dos años de parón por la pandemia. Jóvenes, adultos, niños y mayores asistieron a una feria con espacios y actividades para todas las personas, y con especial dedicación a los usos de las plantas no psicoactivas.

Para entender el carácter de esta cita hay que saber que Italia ha vivido una expansión de la industria del cáñamo desde que en 2016 se aprobó una ley reguladora del cultivo y producción de las plantas de cáñamo industrial. Gracias a esa ley los agricultores pueden cultivar cáñamo con múltiples finalidades sin temor a incurrir en actos delictivos, cuidándose de mantener la concentración de THC de las plantas por debajo del 0,6%. Bajo esta ley, cualquier planta de cannabis y todos sus derivados son consideradas sustancias no psicoactivas y perfectamente legales, siempre que no superen el 0,5% de THC. Esto incluye los cogollos y las extracciones como las resinas de hachís y los aceites. Eso sí, estos últimos no pueden venderse como productos para consumo humano: se ofertan como productos ornamentales de colección, aunque luego se consuman.

Esta legislación, con sus zonas grises, ha permitido la emergencia de un mercado de productos comúnmente conocidos bajo el denominador de cannabis light: cannabis de muy baja psicoactividad que apenas coloca, pero que luce, huele y sabe como las marihuanas y derivados psicoactivos. Algo parecido a lo que sucede en España con la venta de cogollos y hachís rico en CBD, pero con una seguridad jurídica mucho más cimentada que la española. La ley italiana, pensada para la producción de derivados como las fibras, los alimentos y los cosméticos, ha permitido el florecimiento de muchos negocios y productos, algunos no previstos en un primer momento. Esta situación ha llevado a los empresarios a pedir que se actualice la legislación para acabar con las zonas grises y regular los productos de las plantas no psicoactivas destinados al consumo humano y de animales.

Roma y el amor al cáñamo
La Canapa Mundi es lugar de encuentro para jóvenes, niños y adultos. Abundan los estands dedicados al CBD, a ropa hecha con fibras de cáñamo y también a parafernalia y a semillas de cannabis ricas en THC. Entre otras actividades, hay desfile de modelos, charlas y presentaciones de libros.

Al entrar en la feria

"Aunque la ley italiana no permite el cultivo, una sentencia del tribunal con más poder del país dictaminó en 2019 que el autocultivo para uso personal no debe ser penado"

Todo esto se nota nada más entrar en la Canapa Mundi de Roma. La feria está llena de plantas con bajo contenido de THC y abundan los estands dedicados a los derivados no psicoactivos: aceites de CBD, bebidas de cannabis, alimentos de cáñamo y botes llenos de cogollos de numerosas variedades light. También hay venta de prendas hechas con fibras de cáñamo, un pequeño museo de utensilios tradicionales para la producción de tejidos y hasta una pasarela por la que desfilan modelos con vestidos confeccionados con cáñamo. Y, por supuesto, están presentes varias compañías de productos para el consumo fumado y vaporizado, las dedicadas a las semillas de plantas psicoactivas, y las que venden utensilios y tecnologías para el cultivo.

Aunque la ley italiana no permite el cultivo, una sentencia del tribunal con más poder del país dictaminó en 2019 que el autocultivo para uso personal no debe ser penado. Aunque no están claros los límites, desde entonces el fallo judicial sirve de amparo para los que plantan unos pocos ejemplares para sí mismos. El año pasado el activismo cannábico del país quiso ir un paso más allá y consiguió recoger más de 600.000 firmas para celebrar un referéndum que legalizara el autocultivo. Aunque las firmas fueron validadas, el referéndum –que se tendría que haber realizado esta primavera– fue tumbado en el último momento por el Tribunal Constitucional alegando que el texto de la pregunta no cumplía con los tratados internacionales. La alternativa al referéndum está ahora mismo en los despachos del Parlamento en forma de un proyecto de ley, pero su ritmo de avance es lento.

Cogollos de la Planta Farmacéutica Militar

La conversación sobre los avances y las fallas de la legislación italiana tuvo su espacio durante el fin de semana en la Canapa Mundi: dentro del recinto se organizó la 5ª Conferencia Anual Sobre el Cáñamo durante los tres días que duró la feria. Además de las ponencias y debates sobre temas legales, la conferencia acogió presentaciones de libros y varias charlas sobre los usos veterinarios y sobre los usos medicinales y las necesidades de los pacientes. En Italia hay una ley de cannabis medicinal desde 2013 y un médico puede recetar cogollos legalmente. Sin embargo, el cannabis sólo se produce en una única institución del Estado –la Planta Farmacéutica Militar de Florencia–, y esta no alcanza a cubrir la demanda de todos los pacientes. Aunque también se importan cogollos desde Países Bajos, los problemas de abastecimiento persisten y el precio del cannabis importado es demasiado elevado para muchos de los pacientes. Para solventarlo el Gobierno ha puesto en marcha un proyecto para autorizar la producción de cannabis medicinal a empresas privadas, que todavía está en trámites interministeriales.

Mientras la clase política arrastra los pies en un avance lento, los activistas y defensores de la planta siguen buscando las maneras de presionar para acelerar el proceso y encontrar salidas en los marcos legales actuales para hacer crecer el movimiento y aprovechar las múltiples utilidades de la planta. En los días de la feria se sintieron esas ganas de seguir avanzando y el buen rollo estuvo presente en los pasillos y los estands, los puestos de comida y la zona exterior con música. La comunidad dedicada a la planta tenía ganas de reencontrarse y eso se notó en el ritmo de la feria.

 

Este contenido se publicó originalmente en la Revista Cáñamo #293

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