La investigación —con autores vinculados a la University of Connecticut— se apoya en una serie bianual amplia y consistente, utilizada para monitorear conductas de riesgo entre los escolares. En esa curva aparece que el consumo subió en los noventa, tocó máximo en 1999 (47,3%) y descendió a 30,1% en 2023. La baja no es solo histórica ya que también cae el inicio temprano, un indicador relevante por su vínculo con mayor vulnerabilidad. Según el artículo, la proporción que reporta inicio a edades muy bajas pasó de 11,5% (1999) a 6,5% (2023).
Eso si, el estudio destaca un cambio de género: si durante años los varones reportaron prevalencias mayores, en 2023 las chicas superaron a los chicos tanto en uso de por vida (33,4% frente a 27,0%) como en consumo reciente (19,4% frente a 16,4%). Persisten además brechas por raza/etnia donde los adolescentes asiáticos registran niveles más bajos, mientras que jóvenes negros no hispanos e hispanos aparecen con cifras más altas en la mayoría de métricas.
Aunque el trabajo no entra en causalidad, su fotografía coincide con otra señal federal. Un informe, apoyado por NIH/NIDA y coordinado desde la University of Michigan, reportó estabilidad en 2025 para el uso de cannabis en el último año. El mismo documento advierte que parte del alumnado podría estar incluyendo en sus respuestas productos intoxicantes derivados del cáñamo, como delta‑8‑THC, algo que complica la vigilancia tradicional cuando cambian las categorías del mercado.
Que el consumo adolescente baje no debería leerse como victoria automática, sino como un dato útil para afinar políticas públicas. El descenso es amplio y medible, del 47,3% en 1999 al 30,1% en 2023, y también se observa en el inicio temprano, que pasó de 11,5% a 6,5% en el mismo periodo. A la vez, la serie deja señales para la gestión sanitaria y educativa. En 2023, las chicas reportaron más consumo que los chicos tanto en uso de por vida como en consumo reciente, y se mantienen diferencias entre grupos raciales y étnicos.
El otro aprendizaje es que, cuando el mercado cambia, la medición también debe actualizarse. El propio Monitoring the Future advierte que parte del alumnado podría estar incluyendo en sus respuestas derivados del cáñamo, lo que complica comparar tendencias si el término cannabis se vuelve una categoría paraguas.