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Dos psiquiatras podrán prescribir MDMA en Nueva Zelanda

Nueva Zelanda autorizó a dos psiquiatras a prescribir MDMA de grado farmacéutico a adultos con trastorno de estrés postraumático que no han respondido a tratamientos convencionales. La medida es un permiso individual, sujeto a condiciones y a uso dentro de programas clínicos supervisados.

La decisión fue comunicada por el Ministerio de Salud de Nueva Zelanda. Medsafe, la autoridad reguladora de medicamentos del país, concedió autorizaciones específicas a dos psiquiatras para prescribir, suministrar y administrar MDMA con fines terapéuticos a pacientes elegibles con trastorno de estrés postraumático (TEPT).

Sin embargo, el MDMA sigue siendo una sustancia controlada de Clase B1 y no existe en el país un medicamento con MDMA aprobado para uso ordinario. Los permisos tampoco abren la prescripción al conjunto de profesionales sanitarios y corresponden a médicos concretos y bajo condiciones definidas por la autoridad.

La intervención, además, se plantea con MDMA de grado farmacéutico dentro de un entorno clínico y como parte de un plan terapéutico más amplio. No se trata de entregar la sustancia para consumo domiciliario ni de equiparar un producto médico controlado con el mercado recreativo.

La vía utilizada se apoya en la regulación 22 de las Misuse of Drugs Regulations 1977, que permite autorizar a profesionales determinados para trabajar clínicamente con sustancias controladas. En la práctica, el modelo separa dos cuestiones que a menudo se confunden en el debate público: permitir una intervención excepcional y aprobar un fármaco para acceso general.

Ese mismo mecanismo ya había sido utilizado con otros compuestos. En 2025, un psiquiatra neozelandés recibió autorización para prescribir psilocibina a pacientes con depresión resistente, un antecedente que mostró cómo el país podía abrir accesos clínicos limitados sin modificar de forma general el estatus regulatorio de la sustancia. La autorización de psilocibina en Nueva Zelanda ayuda a entender la continuidad del modelo.

El nuevo permiso para MDMA se acerca también al esquema australiano, donde determinados psiquiatras pueden acceder al compuesto para tratar TEPT bajo controles específicos. La comparación es útil precisamente porque evita leer estas decisiones como una liberalización amplia, pero en este caso el acceso depende del profesional autorizado, del diagnóstico y del contexto terapéutico.

La evidencia clínica sobre MDMA y TEPT, además, sigue bajo escrutinio regulatorio. El propio Ministerio neozelandés ha descrito esa evidencia como emergente y ha señalado que todavía se necesitan más estudios sobre seguridad y protocolos. El caso estadounidense de Lykos mostró hasta qué punto una expectativa terapéutica puede convivir con reparos regulatorios; el proyecto de MDMA terapéutico de Lykos es un antecedente reciente de esa tensión.

Más que una legalización médica del MDMA, Nueva Zelanda está probando hasta dónde puede llegar un sistema de permisos individualizados. La experiencia permitirá observar si ese acceso excepcional se consolida, se amplía o permanece como una herramienta reservada para casos y profesionales muy específicos.

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