El proyecto marroquí de regulación provoca recelo entre los campesinos y disputas políticas

El proyecto marroquí de regulación provoca recelo entre los campesinos y disputas políticas

El proyecto aprobado por el Consejo de Gobierno ha despertado el temor a perder ingresos entre los cultivadores tradicionales.

El proyecto de regulación del cannabis medicinal en Marruecos está provocando algunos conflictos políticos internos y manifestaciones de desconfianza entre el campesinado. El proyecto, redactado para regular la producción y el uso de cannabis para fines medicinales e industriales, fue aprobado por el Gobierno del país el pasado 11 de marzo. El último paso para su aprobación es que el Parlamento trámite la ley, para lo que tiene unos pocos meses, antes de las elecciones legislativas del próximo otoño.

El anuncio de aprobación del proyecto ha despertado el rechazo de Abdelilah Benkirane, líder del Partido Justicia y Desarrollo y ex jefe de Gobierno del país. Tras conocer la aprobación del proyecto por el Consejo de Gobierno, Abdelilah Benkirane escribió una carta a los medios expresando su rechazo al proyecto de regulación del cannabis, una posición que mantiene desde hace años. Abdelilah Benkirane fue jefe de Gobierno entre 2011 y 2017, pero tras las elecciones de ese año (que ganó su partido) fue incapaz de formar gobierno y el rey Mohammed VI lo reemplazó por Saadeddine Othmani, otro miembro de su partido, para que formara el gobierno.

Además de las disputas políticas internas, el proyecto de regulación ha despertado el descontento y la desconfianza entre una parte de los campesinos del país que tradicionalmente cultivan cannabis. Según ha publicado El Español, los campesinos se han manifestado en contra del proyecto porque creen que la regulación de los cultivos puede provocar que sus pobres ingresos se vean aún más reducidos.

Los campesinos viven en zonas rurales de la montaña y su economía se sostiene básicamente con la venta de hachís que producen de forma manual a partir del cannabis que cultivan. El hachís lo venden a intermediarios por un precio muy reducido en comparación con el que alcanza en los puntos de venta finales, y temen que si se regula la producción de cannabis el Estado podría pagarles por su trabajo menos de lo que consiguen con la producción artesanal de hachís.

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