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Lesoto documenta una tradición propia de psilocibina

Lesoto documenta una tradición propia de psilocibina

Un ejemplo de la infusión setoto a base de psilocibina. Los iniciados suelen consumir la espuma que se forma en la superficie de la olla para intensificar su conexión con los espíritus ancestrales. El sanador que preparó esta infusión incorporó aproximadamente la cantidad de hongos que se muestra frente a la olla.

En las montañas de Lesoto, una tradición de curanderos basotho conserva desde hace décadas la memoria de un hongo psicoactivo que la ciencia acaba de empezar a nombrar. Un preprint recoge esos usos y desplaza el relato conocido sobre la psilocibina hacia un territorio apenas escuchado por la investigación occidental.

Durante décadas, la historia pública de los hongos psilocibios ha girado casi siempre alrededor del registro mesoamericano, especialmente de los usos mazatecos que marcaron la entrada de la psilocibina en la imaginación occidental del siglo XX. El caso de Lesoto obliga a mover ese foco porque allí el relato parece avanzar a través de un conocimiento transmitido entre abuelas, maestros espirituales e iniciados.

El preprint se apoya en entrevistas a 26 curanderos basotho y a 8 personas no curanderas en distintas zonas de Lesoto y Sudáfrica. Quince curanderos identificaron de forma independiente Psilocybe maluti, conocido localmente como koae-ea-lekhoaba y varios describieron usos rituales o medicinales. Los autores señalan que los entrevistados no parecían estar familiarizados con la cultura psicodélica occidental ni con la investigación clínica moderna sobre psilocibina, aunque advierten que esa posibilidad no puede excluirse por completo.

A diferencia del modelo ceremonial que el imaginario occidental suele asociar a los hongos sagrados americanos, la práctica detallada en la investigación y descrita entre los curanderos basotho sitúa a P. maluti dentro de una farmacopea más amplia. El hongo puede molerse en polvos, mezclarse con plantas psicoactivas o incorporarse a una preparación espumosa llamada sethoto, consumida por iniciados durante periodos de entrenamiento para intensificar sueños, visiones y la comunicación con los espíritus ancestrales. En algunos testimonios aparece combinado con Boophone disticha, una planta alucinógena del sur de África conocida también por sus usos medicinales.

 Producción de sethoto a base de psilocibina. (A) Un curandero (SL) muele P. maluti , D. cooperi y otros ingredientes hasta obtener un polvo fino. (B) SL raspa las escamas del bulbo de B. disticha y las añade a la mezcla. (C) Usando un palo de tres puntas de un arbusto ( Buddleja salviifolia ) llamado lelothoane, SL vierte el polvo combinado y el agua sagrada en una olla y luego lo bate hasta formar una mezcla espumosa. (D) La mezcla final rodeada de los ingredientes utilizados en su producción.

(A) Un curandero (SL) muele P. maluti , D. cooperi y otros ingredientes hasta obtener un polvo fino. (B) SL raspa las escamas del bulbo de B. disticha y las añade a la mezcla. (C) Usando un palo de tres puntas de un arbusto ( Buddleja salviifolia ) llamado lelothoane, SL vierte el polvo combinado y el agua sagrada en una olla y luego lo bate hasta formar una mezcla espumosa. (D) La mezcla final rodeada de los ingredientes utilizados en su producción.

Durante la investigación, se logró documentar una variedad de usos que van más allá de una sola función ritual. Algunos curanderos hablaron de aplicaciones para heridas, protección frente a maldiciones o prácticas de diagnóstico espiritual, mientras otros mencionaron tratamientos para problemas que, traducidos con cautela a categorías clínicas occidentales, recuerdan a la adicción o la depresión. Uno de los casos descritos habla de un rapé administrado dos veces al día durante siete días para una persona con adicción a la metanfetamina; otro, de una infusión o papilla consumida durante un mes. Si bien estos relatos no constituyen evidencia clínica de eficacia, sí dialogan con el interés reciente por investigar la psilocibina para tratar el consumo problemático de metanfetaminas y muestran una forma local de integrar el hongo en prácticas de cuidado, aprendizaje y relación con el mundo invisible.

También aparecen en el estudio recuerdos de uso recreativo entre muchachos encargados de pastorear ganado en las tierras altas. Dos personas de sesenta años y sin relación entre ellos, situaron experiencias juveniles con el hongo en la década de 1970 y un curandero afirmó haber recibido el conocimiento de su abuela, iniciada hacia 1955. Esos datos no prueban por sí solos una tradición ancestral de larga duración, pero sí dificultan reducir el fenómeno a una importación reciente de internet, del turismo psicodélico o de la cultura clínica global.

La especie que ocupa el centro de esta historia fue descrita científicamente junto a Psilocybe ingeli en un artículo de Mycologia publicado en 2024 por investigadores de la Universidad de Stellenbosch. P. maluti había sido hallada en estiércol bovino en Sudáfrica y en las tierras altas de Lesoto. Esa misma publicación ya incluía una primera nota sobre su uso por curanderos basotho y la consideraba, con prudencia, el primer informe directo de uso tradicional de hongos alucinógenos en África subsahariana.

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