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¿Cómo será la situación del cannabis medicinal en 2026?

El año 2026 marcará un giro en la regulación del cannabis medicinal con más supervisión sobre la telemedicina, cuestionamiento al formato cogollo y una narrativa pública que reorienta el discurso hacia lo estrictamente terapéutico.

En su análisis prospectivo, Prohibition Partners señala que 2026 será un año clave para el cannabis medicinal. Con Europa y Australia como laboratorios regulatorios, la tendencia apunta a reforzar el control estatal en detrimento de los atajos que habían favorecido una expansión veloz pero también ambigua del acceso.

La telemedicina emerge como uno de los primeros frentes de ajuste. En Alemania, el gobierno avanzó en 2025 con medidas para restringir las recetas remotas y el envío de productos por correo, tras registrar un aumento significativo de importaciones. El objetivo estará puesto en exigir mayor presencialidad, limitar las prescripciones “sólo por video” y fortalecer los sistemas de seguimiento. Más que una política de exclusión, se trata de una estrategia de contención frente a posibles desbordes.

En tanto en Australia la Administración de Bienes Terapéuticos (TGA) abrió en 2025 una consulta pública ante sospechas de daños asociados a productos no aprobados, mientras autoridades médicas emitieron nuevas guías clínicas para frenar malas prácticas. En Europa, la flor de cannabis se convierte en punto de fricción y no necesariamente por una prohibición inminente, sino por su proximidad y asociación al uso adulto. De allí que países como España apuesten por preparados estandarizados en el ámbito hospitalario o que Francia extienda su fase de experimentación hasta marzo de 2026.

El Reino Unido también expone fisuras en su modelo de acceso. Si bien el mercado crece, la mayor parte de las prescripciones sigue concentrada en el sector privado. Informes de la CQC y el General Pharmaceutical Council advierten sobre brechas de supervisión y el limitado acceso a través del sistema público (NHS). Como respuesta, el gobierno encargó al Advisory Council on the Misuse of Drugs (ACMD) una revisión del impacto regulatorio desde la legalización parcial de 2018.

Del otro lado del Atlántico, Estados Unidos también mueve sus fichas y la Casa Blanca ya emitió una orden ejecutiva para impulsar la investigación clínica sobre cannabis medicinal y cannabidiol (CBD), en sintonía con el proceso de reclasificación a nivel federal.

La fase de expansión acelerada del cannabis medicinal parece haber encontrado sus límites donde lo terapéutico no se diluya en la promesa y se sostenga con estándares, controles y resultados mensurables. No se trata de un retroceso, sino de un intento por consolidar el lugar del cannabis en el sistema de salud, lejos del excepcionalismo y más cerca de la medicina basada en evidencia.

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