Züri Can se inscribe en el marco federal que Suiza abrió en 2021 para ensayos científicos con cannabis de uso no médico. Desde entonces, el proyecto fue consolidándose como una experiencia de dispensación de cannabis a adultos bajo supervisión pública y que permitió observar qué ocurre cuando el acceso deja de depender del mercado clandestino y pasa a estar regulado y monitoreado. En Zúrich, además, el estudio compara distintos modelos de dispensación para medir sus efectos sobre la salud física y mental, los patrones de consumo y la relación de los usuarios con un circuito legal.
En octubre de 2025, la ciudad había pedido ampliar el estudio y destinar una partida adicional de 800.000 francos suizos para sostenerlo por más tiempo que le establecido. La actualización oficial publicada por la Universidad de Zúrich confirmó que el concejo municipal aprobó financiar esa extensión por dos años y que la prórroga también recibió el visto bueno de la comisión ética cantonal y de la Oficina Federal de Salud Pública.
Esa continuidad también se apoya en el volumen alcanzado por el programa, algo que ya asomaba en los primeros datos del estudio difundidos meses atrás. Según la universidad, hoy hay 2.456 personas admitidas y habilitadas para comprar cannabis regulado en un esquema con 21 puntos de acceso. El ensayo compara tres vías de dispensación (farmacias, clubes sociales de cannabis y un centro municipal especializado en información sobre drogas) y, hasta la última actualización oficial, había registrado unas 110.500 ventas y la comercialización de alrededor de 940 kilos de productos en envases de cinco gramos. No es un detalle menor que Züri Can haya incorporado clubes sociales no lucrativos como parte formal del modelo, porque ahí se juega una parte importante del debate europeo sobre qué tipo de regulación puede construirse sin reproducir inercias puramente mercantiles.
Aunque la experiencia de Zúrich no equivale todavía a una legalización general, su peso político es evidente precisamente por esa condición acotada. En Suiza, el cannabis para fines no médicos sigue prohibido fuera de estos ensayos, de modo que el piloto funciona como banco de pruebas mientras el país discute un nuevo Cannabisproduktegesetz, un proyecto federal que plantea un acceso estrictamente regulado para personas adultas, con la salud pública y la protección de menores como ejes declarados.
Lo que está en juego en Zúrich es que el cannabis puede salir del terreno de la prohibición abstracta y entrar en un régimen de control público sin copiar, necesariamente, los modelos comerciales más agresivos. Si el laboratorio suizo sigue produciendo evidencia consistente, la discusión europea tendrá cada vez menos margen para fingir que el abastecimiento de cannabis simpre tiende al mercado ilegal.