La afirmación llegó en una comparecencia ante la Comisión Mixta para el Estudio del Problema de las Drogas y otras Adicciones, en el Senado. Allí, ante una pregunta de la senadora del PP Antonia López sobre una supuesta deriva hacia la legalización, Padilla respondió que el asunto “no está, ni mucho menos, en los planes” y subrayó que ni siquiera sería competencia de su ministerio, limitada al uso con fines exclusivamente medicinales.
Más que un anuncio, fue una aclaración porque Padilla insistió en que regular el consumo recreativo «nunca ha sido un debate» dentro del Gobierno de coalición y que lo único sobre la mesa es el desarrollo del cannabis terapéutico. La pregunta nacía de unas declaraciones previas de Xisca Sureda, delegada del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas, que había evitado un «no» rotundo a una eventual regulación futura.
Lo que sí avanza es el carril medicinal gracias a El Real Decreto 903/2025, aprobado en octubre, que fijó el marco para las fórmulas estandarizadas de cannabis en España, el final de un recorrido que venía gestándose desde el Congreso y que quedó plasmado en lo que dice el decreto. Es una vía estrecha, pensada para pacientes y bajo supervisión médica, lejos del modelo de uso adulto.
Mientras el Ejecutivo español acota su propuesta a lo terapéutico, varios países del entorno han ido más allá. Alemania regula ya el uso adulto y los datos disponibles no apuntan al desastre anunciado por quienes auguraban más accidentes o más consumo juvenil y la evidencia internacional, no respalda el relato del peligro inminente que suele acompañar a estas decisiones.
Conviene no leer la frase de Padilla como una posición ideológica cerrada porque es, por sobre todo, un reparto de competencias, considerando que Sanidad se ocupa de la salud y, la legalización recreativa, de llegar algún día, pasaría por otra puerta y otro ministerio.